resumir! ¡¿SMS?!

SMS, la nueva literatura.
La expansión del lenguaje SMS, ¿enriquece o limita el idioma?
En un origen ideados como un accesorio más a la comunicación móvil, los SMS han acabado logrando una enorme popularidad y configurando un pseudolenguaje propio forjado a golpe de abreviatura en el que los jóvenes se mueven como pez en el agua y en el que muchos adultos naufragan. La expansión tenaz de los SMS, con los que se han escrito ya novelas y poemarios, y cuyo uso se ha discutido en conferencias, obliga a preguntarse por su incidencia en la Lengua y en las capacidades lectoras y expresivas, por sus ventajas e inconvenientes.
Preguntados varios especialista han dicho los lingüistas como Gregorio Salvador, José Antonio Pascual y José Polo, escritores como José María Merino, José Ángel Mañas y Miguel Ángel Rodríguez, y críticos como Ricardo Senabre y Germán Gullón acerca de las posibles mutaciones culturales de esta imparable invasión de abreviaturas.
Hace apenas uno o dos años hubiera resultado inimaginable que llegara un día en que el periódico abriese su portada con un mensaje de texto de móvil. Primero ocurrió con cierta desesperada declaración de amor del presidente francés Sarkozy a su ex Cecilia días antes de contraer matrimonio con la pizpireta cantante francoitaliana Carla Bruni ("Si vuelves, anulo todo") que recogió la primera de Le Nouvel Observateur y que a la postre resultó ser falsa (o no). La última muestra tuvo lugar en España y adquirió los tonos rudos y sarcásticos patrios cuando "El Mundo" desplegó en su portada las palabras del marianista José Manuel Soria, el presidente popular canario que respondía con peculia
r gracejo a su compañera de partido María San Gil, defenestrada poco después, en estos términos: "María, he leído tu ponencia. ¡Arriba España!".
Y es que resulta admirable que sólo 160 caracteres, los que caben en un SMS, -Short Message Service-, puedan cifrar iniquidades, declaraciones de amor, citas clandestinas, críticas, llamadas al orden, recordatorios médicos, sobresaltos bancarios, conjuras para tumbar gobiernos, buenas nuevas, malas viejas, etc. Más de 10 millones se cruzan cada día en España y han revolucionado especialmente la comunicación de los jóvenes, quienes, haciendo de la necesidad virtud, han ideado un sistema de abreviaturas inextricable con el fin de embutir en un espacio limitado sus profusas informaciones. El lenguaje SMS ha conocido un éxito total, adoptado en muchos casos por los no tan jóvenes -con más torpeza, propiciada tal vez por el pudor a prescindir de alguna tilde o alguna uve, cuestión que no quita el sueño, sin embargo, a los chavales de la generación logse- y se han llegado a escribir diccionarios, novelas y a convocarse premios de poesía. Mnda psd, klga! (¡Menuda pasada, colega).
¿Dé que manera está repercutiendo en las capacidades lectoras, perceptivas, educativas, en suma, de los jóvenes está suerte de conversión de lo que en principio no era más que uno de tantos sistemas de abreviaturas en una jerga, en un pseudolenguaje desprovisto de sintaxis, ortografía y vocabulario? ¿Tiene su reflejo en la escritura, en la comprensión lectora, en el habla? ¿Se agiganta así la brecha entre generaciones cada vez más incapaces de entenderse? ¿Se adivina en el horizonte una mutación antropológica más allá de la hipertrofia del cada vez más versátil dedo pulgar que vaticina algún que otro científico?
El más atrevido "maduro" en adentrarse en estos lares ha sido Miguel Ángel Rodríguez, otrora portavoz del Ejecutivo de José María Aznar entre 1996 y 1998, luego tertuliano, presentador de televisión y autor de seis novelas; la última de las cuales, La cruz secreta del Emperador, ha sido escrita mitad y mitad en lenguaje abreviado medieval y en lenguaje SMS (la acción transcurre a caballo entre los siglos XVI y XXII, cuando la forma SMS ha colonizado toda la comunicación). Rodríguez no advierte especial peligro en la instantaneidad y reducción que informan el lenguaje SMS mientras se mantengan "suficientes palabras en la cabeza para aprehender y describir la realidad". Recuerda que "en la unificación de la Alemania del Este, los psicólogos comprobaron con horror que la gente no tenía una palabra para decir yo. Sólo podían decir nosotros. Fue difícil hacerles entender que algo les pertenecía a ellos y sólo a ellos, no al colectivo. El lenguaje sirve para manipular".
En la cocina de la Lengua
Pero, ¿qué opinan los que trajinan en la cocina de la Lengua, los académicos, los lingüistas, los filólogos, los escritores? K dcn ls k stdian l dcr? (¿Qué dicen los que estudian el decir?)
En la Real Academia Española, la necesidad de adaptarse al universo lingüístico t
ransformado que ha devenido de la revolución tecnológica es asunto recurrente desde hace tiempo. Entre los académicos consultados se aprecia un interés por lo que atañe a las nuevas formulaciones de la lengua que se derivan del uso masivo de las tecnologías, aunque siempre en un sentido general, a la búsqueda de aquellas innovaciones con visos de permanencia, sin urgencias, sin perder pie en la aceleración de los tiempos y en la ebullición constante de novedades.
Algún académico especialmente audaz ha puesto el dedo en la llaga, ha señalado la importancia crucial de atender a la galaxia expresiva y expansiva que nace del Big Bang tecnológico, pero su posición, hasta la fecha, ha resultado minoritaria. Y es que en la Academia, el interés (o la preocupación) por el asunto de la comunicación móvil va por barrios.
Uno de los últimos en acceder al sillón (el ‘m', concretamente), el escritor José María Merino, confiesa: "Apenas utilizo el teléfono portátil y no sé escribir mensajes en él. Por lo que conozco, al ver escribirlos y recibirlos a la gente más joven, creo que la lengua se empobrece al utilizar pocas palabras, convertirlas en puros esqueletos de consonantes y dispersarse en jergas particulares, crípticas, que en lugar de universalizar la comunicación la restringen. Hace más de veinte años que visito centros escolares y puedo asegurar con certeza que los jóvenes han perdido riqueza lingüística, capacidad expresiva verbal y comprensión lectora. Como hábito, esas abreviaturas caprichosas y bárbaras van a suponer todavía mayor empobrecimiento y mayor incultura, y con ello mayor indefensión".
Merino adjudica cierta responsabilidad a las modernas formas abreviadas de comunicación en el temible atraso educativo pues "la mayoría de los jóvenes aborrece las palabras que no entiende y considera innecesario, inútil, me parece que por el enorme esfuerzo que al parecer supone, consultar el diccionario. Acaso esas nuevas formas de comunicación tengan mucho de nuevas formas de incomunicación. Y ojo: el uso de telegramas durante muchos años no empobreció el lenguaje de las generaciones anteriores".
Concluye lamentando que "acaso estemos en un proceso de babelización que termine recreando el tiempo de la extinción del latín: unos detentadores de la sabiduría -como fueron los monasterios- y una plebe ignara trabajando para ellos -los iniciales beneficiarios de esa lengua abreviada y vulgarizada".
El oxígeno de la cultura
Polo discrepa de la utopía negativa que dibuja en su libro Miguel Ángel Rodríguez, pues "siempre quedará una minoría que sienta el respeto hacia el idioma como el oxígeno necesario para la vida cultural, para una convivencia intelectual y afectivamente digna. Eso sí: ante una vulgarización masiva, sorprenderán cada día más los hablantes responsables, los ciudadanos verdaderamente cultos". Y, descreído ante las exigencias de ser moderno a toda costa, finaliza: "Mi respeto hacia la literatura y hacia otras nobles formas de comunicación me aconsejan no inscribirme en ninguna academia que intente redimirme, actualizarme con mecanismos abreviadores o distorsionadores de naturaleza varia. Procuro ser feliz a mi manera...".
Catedrático de Teoría de la literatura y Literatura comparada en la Universidad de Salamanca y crítico literario de El Cultural, Ricardo Senabre puntualiza que el sistema abreviado de los SMS "afecta casi exclusivamente a las grafías; algo que en español no necesita cambios, porque es una lengua bastante próxima a la fonética. El enriquecimiento sí existía en la redacción de telegramas, porque la operación de escribir abreviadamente afectaba a la sintaxis y permitía reflexionar acerca de la jerarquía de los componentes de una frase y de la necesidad o inutilidad de los nexos sintácticos". Senabre recuerda que, en lo que atañe a la merma evidente de las capacidades lectoras no sólo de los estudiantes, el acta de acusación debe ser levantada contra el cada vez más escaso hábito de lectura: "La escritura SMS hará mella únicamente en aquellos que ya tengan un habla elemental y titubeen ante la ortografía de los vocablos más comunes. La enfermedad sólo penetra en los organismos sin defensas".
Cómo pronunciar ‘bss'
Concluye el catedrático salmantino, escéptico ante los negros augurios de las diversas casandras, afirmando que "nadie es capaz de pronunciar ‘bss', como ha escrito cuando quiere decir ‘besos'. En el futuro habrá cambios y desplazamientos léxicos -lo que es normal en la evolución de cualquier idioma-y tal vez cierto empobrecimiento, con la desaparición de muchas palabras y la ampliación de sentido de otras". Ante la pregunta de si se atreve a pasar a SMS su estrofa o párrafo literario predilecto, Senabre responde, socarrón: "Sí, pro no m aptc."
Fuera de los cenáculos académicos, cronista callejero de una generación más preocupada por violentos paraísos artificiales que por las Letras y las Artes, José Ángel Mañas, autor de Historias del Kronen (1994), relativiza el debate: "Un sistema de abreviaturas no se puede decir por principio que enriquezca o empobrezca la lengua. Sólo es eso: una simplificación formal que agiliza la transmisión. Otra cosa es que de lugar a neologismos. Entonces habría que ver si están conviviendo con los vocablos originales o si los están sustituyendo y, en este último caso, valorar si la economía de expresión es una virtud o no. Por el momento, al lenguaje SMS no le veo mayores problemas que al de cualquier registro: saber cuándo emplearlo".
El lugar de las innovaciones
Y en cuanto a la polémica fijada tiempo ha por Umberto Eco, Mañas, ponente en abril en unas conferencias en San Millán de la Cogolla sobre el lenguaje de los jóvenes y los SMS, se declara más bien centrista: "Tengo tendencia a no ser ni apocalíptico ni absolutamente moderno. Me parece que las innovaciones tienen su lugar y que todo lo adquirido también. Ni se llega a hacer nunca tabla rasa, ni tampoco se mantiene eternamente nada. En el lenguaje convivirán los vocablos y las locuciones más modernas, procedan de donde procedan (del SMS, del inglés, del chino, del argot, etc) con los vocablos y locuciones más clásicas".
Campechano, el crítico literario Germán Gullón acepta el enriquecimiento que ofrece la neolengua críptica de los mensajes móviles. Aunque en un modo más tangible: "Por supuesto que supone un enriquecimiento, pero de orden secundario. No puede olvidarse que el lenguaje del SMS nace para el empleo paralelo al de la llamada telefónica. El uso de formas abreviadas en los SMS se debe a que cuanto menos se escribe menos se paga por el mensaje. Otra cosa, digna de consideración es que tal lengua no sirve para escribir textos complejos, digamos una sentencia jurídica o un artículo de la Constitución".
Un registro que suma y no resta
Ironías aparte, Gullón asegura que "los jóvenes se comunican hoy más y con mayor frecuencia que lo hicieron los de generaciones anteriores, y además vivimos una época en que la cultura de la imagen comienza a sobrepasar en importancia la de la escritura, por tanto resulta normal que la juventud utilice abreviaciones y emoticones (una figura que expresa una emoción: la popular cara sonriendo) para ponerse en contacto entre sí. La brecha es una manifestación más de las normales diferencias generacionales".
El crítico postula que, si en el futuro "el lenguaje abreviado se comportara de una manera semejante a como lo hizo el latín hablado sería estupendo, pues daría lugar al nacimiento de multitud de lenguas. No olvidemos que el latín vulgar dio origen al castellano, al catalán, al gallego, al francés... Pero el peligro vendrá más bien de cómo vamos a entendernos en una UE con veintisiete lenguas, no de cómo abreviemos en la comunicación".
¿Es posible saltar la verja, en ocasiones más imaginaria que real, que separa a los gourmets de la lengua de la legión ciudadana de cocineros que cada día la crean y recrean con sus SMS, en los chats y en las redes sociales, en las charlas de parque, de café y bar? No vn a qdr + narcs! (¡No van a quedar más narices!)




